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Soy David RICHARD y soy guía en el Museo Opinel.
Soy licenciado en Historia del Arte y Arqueología. Primero trabajé como asistente de subastador en una casa de subastas de Nantes durante algo más de 10 años. Las ganas de aventura y de conocer el Gran Norte me llevaron a emigrar a Canadá, concretamente al Yukón, territorio fronterizo con Alaska. Fue allí donde descubrí la profesión de guía. Muy pronto me quedó claro que quería orientar mi carrera profesional en esa dirección. Cuando vi la oferta para ser guía en el Museo Opinel, tuve la sensación de que estaba hecha a mi medida, así que desde el Yukón envié mi candidatura para esta nueva aventura.
Diseño y dirijo visitas guiadas en el Museo Opinel, pero también en la Ruta del Opinel, durante la Jornada Opinel, dirigidas a públicos diversos, ya sean visitantes individuales, grupos ya formados, eventos de empresa, etc…
Me gusta contar historias, y la de Opinel es realmente fascinante. Al fin y al cabo, aunque el contenido de la visita sea globalmente similar, la forma siempre es diferente. Dependiendo del tamaño del grupo, de la edad de los participantes y de si conocen o no el tema, cada visita es única. Me encanta esta interacción y este intercambio con los visitantes, a menudo es sorprendente y siempre enriquecedor.
El entusiasmo es, en mi opinión, una cualidad esencial. El día que tenga la impresión de pulsar un botón de «Play» en mi cerebro para recitar un texto, tendré que cambiar de profesión. Se necesita ese fervor, esa pasión, esa chispa indispensable para llegar al corazón de los visitantes. De hecho, siempre es un pequeño reto en cada visita. Algunos visitantes son a veces más distantes al principio y me miran un poco de reojo, y cuando llega ese momento mágico en el que se siente que se ha conseguido involucrar a todo el mundo y se crea una sinergia de grupo, siempre es un momento precioso.
La capacidad de adaptación es también una cualidad imprescindible.
He tenido la suerte de poder crear desde cero los dos recorridos de visita guiada y añadirles mi toque personal. Esa libertad creativa era un elemento indispensable para poder crear un contenido de visita que se pareciera a mí y que, de hecho, fuera más fácil de transmitir y compartir.
La parte que más me gusta se encuentra, en realidad, fuera de las paredes del museo, ya que se trata de la aldea de Gevoudaz, donde todo comenzó. Si nos ceñimos solo al museo, la primera sala, que corresponde a una antigua forja, es mi parte favorita. Me encanta especialmente poder percibir el olor que nos recuerda que en estas paredes se forjaban cuchillos.
El Nº09 Cime sin dudarlo. Combina la forma tradicional del mango original con un trabajo de marquetería sobrio y depurado que evoca las montañas. Además, el tamaño N.º 09 es, ergonómicamente, el que más me gusta.
Descubrimiento, maravilla y compartir : tres ingredientes esenciales para hacer de una visita guiada una auténtica experiencia.
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